Durante los últimos años de la década de los años 30 se construyeron varios refugios antiaéreos en las ciudades españolas para proteger a la población de los bombardeos que se sufrían a causa de la Guerra Civil. Castellón no fue una excepción y finalmente fueron 43 los refugios antiaéreos públicos que se construyeron. Junto a estos, otros casi 300 refugios privados fueron habilitados en casas particulares para mantener a salvo a los vecinos de Castellón de la Plana.

La mayoría de estos refugios antiaéreos fueron destruidos por el crecimiento arquitectónico de la ciudad y no se conserva ninguno de los particulares y solo un par de los públicos. De ellos, el de la plaza Tetuán fue parcialmente reformado durante la década de los años 60 y conservado bajo la superficie de la plaza. A principios de 2018 ha sido totalmente restaurado y convertido en un museo que recuerda la manera en que vivían los castellonenses que se refugiaban en él durante los ataques.

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Se accede al Refugio Antiaéreo por la plaza Tetuán, por uno de los accesos originales. Tras bajar por unas angostas escaleras, se llega hasta el entramado de túneles que conforman el refugio y donde se hacinaban unas 200 personas en caso de ataque aéreo. La visita se realiza a través de unos paneles explicativos, donde se recoge la historia de estos refugios en Castellón y los ataques de la aviación alemana e italiana durante el conflicto civil.

Además, el recorrido se puede realizar utilizando una audioguía que se descarga al teléfono móvil y que permite, gracias a la red Wifi instalada en el propio refugio, escuchar los audios que cuentan la historia del mismo. En algunas zonas vemos maniquís que representan una familia de refugiados, mientras que en otro de los túneles del complejo sirve de improvisado cine en el que se proyecta un audiovisual con la guerra y sus horrores como argumento.

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Son unos pocos centenares de metros bajo tierra, que aunque han sido restaurados y preparados para convertirse en un espacio museístico y de recuerdo, nos llevan hasta esos momentos de miedo, prisas y desesperación que acompañaban a los castellonenses que tenían que ocultarse bajo tierra para evitar los proyectiles que caían del cielo. Un espacio que hoy es más tranquilo y que ayuda a conocer el pasado inmediato de la ciudad y de un modo de vida que, por suerte, duró poco.

La entrada es gratuita y el Refugio Antiaéreo de Castellón abre sus puertas de martes a sábado de 16:00 a 19:00 horas y los domingos de 10:00 a 14:00 horas.

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